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¿Qué pasa si opto por un trasplante de donante vivo?
- La mejor opción para la salud es recibir un trasplante sin hacer diálisis.
- Es necesario hablar con las personas del entorno familiar y social para explicar la situación de la enfermedad renal, y contarles que el trasplante renal de donante vivo es la mejor opción de tratamiento para el paciente renal.
- Gracias a los exhaustivos estudios de salud que se realizan a los donantes, los riesgos a largo plazo de enfermedad renal son mínimos (menos del 1% a 15 años). Es muy importante que el donante renal mantenga hábitos de vida saludables.
- Lo más importante es tener toda la información para poder tomar la mejor decisión posible. Para eso, los equipos de nefrología (médicos y enfermeras) te informarán con todo detalle, y sin ningún compromiso, para decidir si seguir con el proceso de trasplante renal de donante vivo o no.
- Habitualmente no hay que quitar los riñones, a menos que presenten complicaciones o sean tan grandes que ocupen el espacio para el trasplante.
- Cualquier persona puede ser donante si cumple los criterios médicos para ser donante y lo hace de forma altruista.
- Se puede hacer un tratamiento para eliminar las defensas contra grupo sanguíneo para poder hacer el trasplante renal de donante vivo.
- Cualquier persona mayor de edad puede ser donante si cumple los criterios para donación (también personas mayores sanas).
- Cuando una pareja no es compatible directamente, puede ser incluida en una lista de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) donde se lleva a cabo el estudio de compatibilidad de todas las parejas incluidas, y se realizan cadenas de intercambio de órganos de donante vivo. De esta manera, se mantiene esta opción para estas personas.
- Al cabo de dos-tres meses después de donar el riñón, se puede volver a llevar una vida normal, sin necesidad de tratamientos especiales. Solo será necesario hacer un seguimiento regular con el equipo de nefrología, y mantener unos hábitos de vida saludables.
- El acto altruista de donación renal conlleva el beneficio de la mejora de vida de la persona receptora, y con eso el bienestar emocional por este gesto tan especial.
- Lo habitual es que el donante quede hospitalizado dos-tres días después de la cirugía, y que luego tenga que guardar cierto reposo durante la primera semana en casa y llevar una vida tranquila durante un mes. Después, se puede volver a llevar una vida absolutamente normal, siguiendo los controles programados y llevando un estilo de vida saludable.